Análisis de Let Them Trade

, por Enzo

Análisis de Let Them Trade

Let Them Trade: piedra, papel, tijera

¡Fans de la estrategia y la gestión, aquí tenéis vuestra nueva obsesión! Este city-builder económico con una estética muy marcada apuesta por una idea tan sencilla como poco habitual: dejar el comercio en manos de sistemas autónomos y sacar beneficio de ello mediante los impuestos. En un género que cada vez apuesta más por la construcción y la personalización al detalle, el juego de Let Them Games toma un camino diferente. Pero ¿son suficientes su llamativa dirección artística y su particular forma de entender la gestión para ofrecer algo realmente único?

Concepto: un simulador de construcción de ciudades centrado en el comercio

Let Them Trade parte de una premisa sencilla pero ambiciosa: crear una simulación económica en la que el centro de la experiencia no sea la microgestión constante, sino nuestra capacidad para diseñar redes urbanas y comerciales eficientes. Aquí construiremos pequeñas ciudades dentro de un reino que tendrán que complementarse entre sí, mientras nosotros recaudamos impuestos por cada transacción que se produzca.

La partida comienza con un pequeño grupo de colonos, unos cuantos recursos y un mapa todavía por explorar. No tardaremos en enfrentarnos a las preguntas que marcarán el desarrollo de nuestra partida: ¿dónde merece la pena fundar la primera ciudad? ¿Qué terrenos son más apropiados para cada tipo de producción? Y, sobre todo, ¿cómo conseguimos integrar ciudades aisladas en una gran red comercial?

Dirección artística y diseño de sonido

A nivel visual, Let Them Trade apuesta por un estilo colorido y acogedor que recuerda inevitablemente a los juegos de mesa modernos. Y no es casualidad: es que estamos jugando sobre un tablero encima de una mesa, en el centro de un salón cuidadosamente decorado. De hecho, podemos ver algún lindo minino encima de los muebles, que siempre gusta.

Todo está construido con bastante coherencia. Las diferentes clases sociales, sus necesidades y sus respectivas producciones encajan entre sí, mientras que las ciudades, que están representadas con unas simpáticas construcciones tridimensionales, resultan muy agradables a la vista. El mundo tiene ese rollito de miniatura que nos invita constantemente a acercar la cámara para fijarnos en los pequeños detalles.

Y aquí entra también en juego el apartado sonoro. La banda sonora recurre a melodías medievales ligeras, casi bucólicas, que acompañan pero nunca roban protagonismo. A esto se suman pequeños detalles ambientales, como los pasos de los mercaderes o el crepitar de las forjas, que ayudan a dar vida al conjunto.

La interfaz sigue la misma filosofía: sencilla, funcional y limpia. Los iconos resultan fáciles de interpretar, los menús responden correctamente y la información está bien organizada sin saturar la pantalla, aunque la situación cambia algo durante las fases más avanzadas de la partida. En general, se nota que los desarrolladores han hecho un esfuerzo considerable por hacer que la experiencia resulte accesible.

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Mapa, construcción y optimización

Una de las primeras cosas que sorprenden de Let Them Trade es la sensación de estar construyendo un mundo que es capaz de funcionar por su cuenta. Vamos descubriendo el mapa a medida que exploramos y, antes de comenzar una partida, también podemos modificarlo para adaptarlo a nuestros gustos.

Su estructura basada en hexágonos hace que colocar edificios resulte especialmente satisfactorio. Poquito a poquito, vamos viendo cómo las pequeñas casillas van cobrando vida, construimos nuestras primeras ciudades y las conectamos mediante carreteras y puentes. Lo que al principio parece un puñado de asentamientos independientes termina convirtiéndose en una auténtica red comercial.

Las rutas cobran vida, los mercaderes recorren una y otra vez los mismos caminos que hemos construido y los transportistas no dejan de moverse por las ciudades. Además, las distancias importan. Una ruta más larga requiere más tiempo y recursos, por lo que tendremos que buscar constantemente el equilibrio entre la cercanía de las materias primas, el acceso a los mercados y la seguridad de las carreteras. Porque sí, los bandidos también están ahí para complicarnos las cosas.

La buena noticia es que los sistemas como la mano de obra, los ciclos de producción o las necesidades de recursos están integrados de una forma bastante natural. La microgestión no es demasiado exigente, lo que evita que el juego termine convirtiéndose en una interminable sucesión de menús y estadísticas.

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Autonomía de mercado: ¿innovación o riesgo?

El verdadero corazón de Let Them Trade es su sistema de comercio autorregulado. Una vez que nuestras ciudades están conectadas mediante rutas comerciales, empiezan a intercambiar recursos automáticamente en función de sus necesidades y excedentes. No hay precios que fijar ni comerciantes con los que negociar: todo depende de la relación entre producción, demanda y distancia.

La idea funciona muy bien para mantener la experiencia accesible y transmitir esa sensación de mundo vivo que busca el juego. Sin embargo, también puede resultar frustrante para quienes esperen tener un mayor control sobre la economía. No podemos fijar precios ni decidir que una determinada ciudad deje de importar o exportar un recurso concreto. Tampoco podemos establecer límites de importación o exportación hacia una ciudad determinada o hacia el castillo.

Paradójicamente, es a largo plazo cuando esta mecánica empieza a demostrar todo su potencial. Una simple variación en la demanda de un recurso en una ciudad situada en el extremo oeste del mapa puede provocar una reacción en cadena y obligar a reajustar toda nuestra red comercial. Y es precisamente ahí donde Let Them Trade empieza a brillar de verdad: cada nueva ciudad o recurso puede alterar el equilibrio del conjunto y generar nuevos problemas que resolver.

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Progresión y rejugabilidad

La curva de progresión está bastante bien planteada. Durante las primeras horas aprenderemos lo básico: fundar nuestra primera ciudad, conectar un par de rutas y observar cómo empiezan a producirse los primeros intercambios. Es una dinámica que se entiende rápidamente y que puede resultar sorprendentemente adictiva, incluso más que la de otros juegos de gestión.

A medida que nuestro territorio crece y las necesidades de las ciudades se vuelven más complejas, también aumentan los problemas a los que debemos hacer frente. Optimizar la red comercial, ajustar las producciones, proteger las rutas de los bandidos o asegurarnos de disponer de determinados recursos se convierte poco a poco en nuestra principal preocupación.

Eso sí, hay una herramienta que cobra especial importancia y que el propio tutorial no explica con demasiada claridad: el panel de resumen situado en la parte superior de la pantalla. Consultarlo con frecuencia es fundamental para entender cómo están funcionando nuestras producciones y cómo afectan al comercio de las ciudades y, en última instancia, a nuestra progresión.

El desbloqueo de los distintos elementos se realiza mediante un sistema bastante intuitivo, acompañado además de numerosas mejoras pasivas destinadas a potenciar diferentes estadísticas.

En cuanto a la rejugabilidad, Let Them Trade tampoco se queda corto. Completar todos los objetivos puede llevar unas 12-15 horas, pero la posibilidad de jugar en diferentes mapas y, sobre todo, de crear nuestros propios escenarios mediante el sistema de personalización de las casillas del tablero, invita a volver a empezar. Cada partida puede plantearnos una situación diferente, aunque hay que reconocer que cierta sensación de repetición puede aparecer antes de lo deseable.

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Puntos negativos

Tampoco podemos decir que Let Them Trade sea un juego perfecto. Dejando a un lado algunos problemas de optimización, hay varias mecánicas que parecen haberse quedado a medio hacer y que habrían agradecido algo más de profundidad.

Los bandidos son probablemente el mejor ejemplo. Sobre el papel deberían representar una amenaza para nuestras rutas comerciales, pero en la práctica su impacto es bastante reducido. De hecho, podemos pasar de ellos y no llegan a convertirse nunca en un problema importante.

La dificultad también necesita algunos ajustes. No podemos modificarla durante la partida y, después de establecer nuestras primeras ciudades, algo que ocurre en unas dos o tres horas como máximo, y llega un punto en el que podemos dejar que el sistema funcione prácticamente solo. La intervención del jugador se reduce considerablemente y algunas mecánicas, como los impuestos o la donación de 1000 monedas, pierden buena parte de su utilidad.

En lo que a calidad de vida se refiere, también echamos en falta algunas opciones que habrían hecho la gestión mucho más agradable. Por ejemplo, que hubiesen diferentes filtros para distinguir mejor nuestros recursos y producciones, una presentación algo más limpia de los iconos o la posibilidad de mover edificios sin tener que destruirlos previamente.

También podemos consultar el historial del presupuesto de nuestras ciudades, pero solo muestra los últimos cinco minutos, por lo que su utilidad a la hora de analizar la evolución económica resulta bastante limitada.

Y llegamos al que probablemente sea el mayor problema del juego: la falta de control sobre los mercados autorregulados. La automatización es una de sus principales señas de identidad, pero habría sido interesante disponer al menos de cierto margen de intervención. Poder indicar qué recursos no queremos importar o exportar, establecer límites de cantidad o decidir qué productos deben priorizarse habría añadido una capa estratégica muy interesante sin necesidad de convertir el juego en una experiencia de microgestión.

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Analizado en PC. Puedes consultar nuestra política de análisis aquí.

7/10

Let Them Trade una experiencia interesante y agradable bastante inmersiva. No revoluciona el género de la construcción de ciudades, sino que más bien la enriquece, poniendo el acento en unos sistemas económicos que se autorregulan (en ocasiones quizás demasiado) y que pueden gustar más o menos. Es apto tanto para novatos como expertos del género, y ofrece horas y horas de jugabilidad meditada y una sensación de satisfacción poco común cuando consigues equilibrar redes de comercio. Pese a unas pocas limitaciones técnicas y algunas mecánicas a medio terminar, el juego es una alternativa nada desdeñable a otras propuestas del género, que a menudo están demasiado recargadas de información y gestión.

  • + Una dirección artística original
  • + Una banda sonora muy inmersiva
  • + Una propuesta adictiva y bastante intuitiva
  • + Un precio razonable
  • - La dificultad y el equilibrio están por acabar de pulir
  • - Acabas entrando en modo automático
  • - La falta de microgestión para simplificar la propuesta