Pokémon GO: retrospectiva de un fenómeno global que ya ha cumplido una década
, por Enzo
Hay juegos que tienen éxito, otros acaban convirtiéndose en clásicos y luego los hay que, durante unas pocas semanas, parecen formar parte de la vida de todo el mundo. Este fue el caso de Pokémon GO cuando salió en verano de 2016. En las calles, en los parques, en las zonas residenciales e incluso haciendo fila, millones de personas estuvieron pegadas a las pantallas de sus teléfonos buscando un pidgey, un squirtle o incluso soñando con un Charizard.
Hasta aquellos que nunca habían jugado a Pokémon acabaron familiarizándose con el fenómeno. Lo más sorprendente no es que la gente se hubiera enganchado a un juego para móviles, sino que los hubiese sacado de casa. Durante unos pocos días, Pokémon GO logró transformar el mundo entero en el escenario de un videojuego. Hoy vamos a echar la vista atrás a un fenómeno de masas que ya ha cumplido su primera década.
► Cuando los Pokémon se convierten en realidad
Para entender las cotas de popularidad que alcanzó este videojuego, toca repasar que hizo que Pokémon enganchase tanto desde un principio. Desde sus orígenes en 1996, la franquicia se ha alzado sobre una premisa tan simple como efectiva: partir de aventuras, explorar una región, cruzarnos con criaturas y coleccionarlas a todas. Por supuesto, esto era algo plenamente virtual en la Game Boy. Navegábamos un mundo de píxeles, entrábamos en edificios imaginarios y nos enfrentábamos a Pokémon controlados por la CPU.
Pokémon GO logró transformar esta premisa en algo mucho más tangible. La cosa seguía yendo de atrapar Pokémon, pero el mapa ya no era imaginado: era el mundo real. Una calle cualquiera se podía convertir en el camino hacia un pokémon nuevo, una estatua en una Pokeparada, y un parque o una zona verde de repente era el sitio perfecto en el que seguir completando la Pokédex, estando llena de criaturas que no podíamos encontrar en el barrio.
La idea era muy simple. Mirábamos al móvil y descubríamos Pokémon repartidos por el mundo real. La tecnología tampoco es que fuese particularmente novedosa, y es que la realidad aumentada ya llevaba un tiempo vigente, pero Pokémon GO logró hacerla accesible y atractiva para el gran público. Ver un Pikachu aparecer en la pantalla como si estuviese en plena calle lograba transmitir sensaciones únicas: durante unos pocos segundos, el universo Pokémon parecía real.
Esto también jugaba con la nostalgia. Para una generación entera que creció con los juegos de la Game Boy, el anime y las cartas coleccionables, el simple acto de lanzarle una Poké ball a un Charmander ya era suficiente. Pokémon GO no solo era algo nuevo: también nos permitía redescubrir un mundo familiar al tiempo que vivíamos el día a día.
►Cuando los videojuegos salen de la pantalla
Pero quizás lo más brillante que hizo Pokémon GO no fue su uso de la realidad aumentada, si no cómo logró darnos un motivo para movernos y salir de casa. En una industria acostumbrada a tenernos enganchados a una pantalla, este juego hizo exactamente lo contrario.
Los Pokémon aparecían a nuestro alrededor, las Pokeparadas nos animaban a movernos y para eclosionar huevos había que caminar kilómetros. Todo estaba diseñado para hacer que caminar fuese una mecánica más del juego. Lo que podía parecer algo pesado se convirtió en un objetivo: ya no era solo dar un paseo, era cubrir unos cuantos kilómetros extra, encontrar nuevos Pokémon y coleccionar objetos.
Pero para jugar a Pokémon Go no necesitabas ser un atleta. Lo mejor era que algo ordinario pasó a ser algo divertido, una aventura. Podías salir a hacer unos recados y acababas alargando el paseo porque un Pokémon interesante había aparecido a la vuelta de la esquina. (¡Nunca se paseó tanto a los perros como por aquel entonces!)
El juego también logró cambiar como veíamos lugares familiares. Una plaza, un monumento o un parque que conocíamos de toda la vida ahora pasaba a ser más importante porque contaba con varios puntos de interés o tenía a ciertos Pokémon. Casi terminamos viendo la ciudad de una forma distinta. Los lugares por los que antes paseábamos sin más ahora eran lugares de reunión, puntos imprescindibles por los que pasar o incluso el mismo destino. Ya no era un telón de fondo: ahora era el mapa de un juego.
►Un fenómeno social a escala global
No hace falta que os digamos que las cifras son de infarto. Estamos hablando del mayor lanzamiento de la historia de los juegos para móviles, con 500 millones de descargas en solo dos meses. Ya solo en el año de su lanzamiento (2016), generó 800 millones de dólares. Durante esta última década, Pokémon GO no ha dejado el ranking de los 10 juegos para móviles más jugados en ningún momento.
Y ahí no queda la cosa. Las redes sociales también acabaron estallando, convirtiéndose en herramientas imprescindibles para organizar batidas en grupo y compartir la localización de ciertas criaturas. Todo esto también se hizo notar en YouTube: creadores de contenido de todo tipo partieron a intentar completar sus Pokédex en sus respectivas ciudades. El número de visualizaciones de este contenido no tardó en dispararse, alcanzando decenas de millones de visualizaciones. Seguro que todos tenemos a alguien así en mente.
El juego se convirtió en un fenómeno social a escala global de forma casi inmediata. Si bien los videojuegos normalmente traen la idea asociada de estar encerrado en casa, Pokémon GO era justo lo contrario. Durante el verano de 2016, solo tenías que ver a unos cuantos extraños de pie mirando al móvil en algún lado para darte cuenta de que un Pokémon poco común tenía que haber aparecido. Los jugadores se reconocían entre ellos, intercambiaban información y compartían sus descubrimientos.
Pokémon GO logró crear interacciones entre personas que nunca se habrían relacionado entre ellos bajo otras circunstancias. El juego se convirtió en un pretexto para hacer vida social. Los smartphones, algo normalmente asociado con el aislamiento, pasó a ser algo con lo que conectarse con otros. Dos personajes que se habrían ignorado hasta la fecha podían acabar hablando porque estaban buscando al mismo Pokémon.
► Los excesos de un éxito incontrolable
Por supuesto, semejante popularidad tuvo sus consecuencias. El juego dió lugar a toda clase de anécdotas desde el inicio, algunas más preocupantes que otras. Algunos usuarios acababan tan absortos en sus pantallas que se olvidaban de prestar atención a sus alrededores, especialmente a la hora de cruzar. Se creaban aglomeraciones en lugares inesperados, y había quien se colaba donde no debía simplemente porque un Pokémon había aparecido allí.
Este problema tenía su origen en el mismo éxito del concepto: el juego no se limitaba a la pantalla. Tenía consecuencias en el mundo real. Una partida tradicional puede acabar alargándose más de lo debido o resultando en unos pocos gritos en el comedor… Pero Pokémon GO podía hacer que alguien cruzase la calle en el momento equivocado o meterse en donde no tocaba.
Estos excesos acabaron dando la impresión de que el juego era un fenómeno fuera de control. En su punto más álgido, Pokémon GO parecía operar bajo sus propias reglas, con montones de gente corriendo a un mismo lugar para capturar a un Pokémon particularmente poco común. Y esto acabó contribuyendo a su imagen en la prensa. Durante unas pocas semanas, Pokémon GO dejó de ser un videojuego para ser tema de conversación, como si fuese un evento cultural o algo social.
►Más que un juego, un recuerdo
Obviamente, esta locura no podía ser eterna. Como todas las modas, Pokémon GO acabó perdiendo intensidad. Las calles volvieron a la normalidad, los servidores dejaron de estar plagados de esos bugs del principio y la prensa dejó estar el tema (¡por fin!).
Pero el juego no ha desaparecido. Gracias a actualizaciones, nuevas generaciones de Pokémon, tiempos disponibles durante un tiempo limitado, incursiones y una estructura pensada para ir renovando la experiencia con el tiempo, Pokémon GO logró pasar de un fenómeno de verano a algo estable. Puede que esta sea la verdadera clave de su éxito. Su importancia no solo se mide por el número de descargas o el dinero que ha generado, más bien porque logró demostrar que un videojuego puede cambiar la forma en la que millones de personas ven el mundo e interactúan entre ellos, aunque fuese por poco tiempo.
► Conclusión
Pokémon GO no inventó la realidad aumentada o los juegos para móviles basados en la geolocalización. No obstante, sí logró aunar dichas tecnologías con una de las franquicias más populares jamás creadas para hacer una experiencia intuitiva. No había que explicar el concepto: caminabas, buscabas y capturabas.
Seguramente sea por esto que Pokémon GO sigue estando en el recuerdo de la gente. Años después de su lanzamiento, hay quien todavía recuerda donde capturó su primer Pokémon, los paseos inesperados para hacer eclosionar un huevo o ese extraño sentimiento al ver a docenas de personas en un mismo parque. Pocos juegos han logrado crear recuerdos asociados tan directamente a lugares del mundo real.
Puede que no haya revolucionado el medio desde un punto de vista técnico, pero ha logrado algo incluso más poderoso: lograr borrar la línea entre la vida diaria y el juego, aunque sea solo un poco. Durante unas pocas semanas (o incluso meses), el mundo real no era solo el mundo real. Era un enorme mapa de Pokémon, repleto de criaturas a cazar, encuentros y aventuras improvisadas. Millones de jugadores solo tuvieron que salir de casa para convertirse en los entrenadores que siempre habían querido ser.