La industria del videojuego en crisis: cómo salir del agujero
, por Quentin
Los últimos meses han sido de lo más desoladores para la industria del videojuego. Miles de despidos y otros tantos cierres de estudios han arruinado la imagen de un mundo que se supone tiene que entretenernos, hacer latir nuestros corazones y permitirnos escapar desde el confort del sofá.
Si bien esta industria es de lo que están hechos los sueños para millones de fans, y algunos hasta quieren ganarse la vida con ello y así hacer sentir lo mismo que han sentido ellos, la realidad es que detrás de los juegos se esconde una realidad menos alegre, y a veces hasta deprimente.
Una industria acostumbrada a las crisis
Por ejemplo, podríamos mencionar el crash de los videojuegos del 83 al 84, que llevó al colapso del mercado y una cadena de bancarrotas. ¿La culpa? Mucha oferta, calidad muchas veces cuestionable y demasiadas consolas a la vez.
Luego tuvimos la crisis económica global del 2008, que se cebó de lo lindo con los videojuegos: un coste de desarrollo cada vez más alto por culpa de las consolas compatibles con alta definición como la Xbox 360 y la PlayStation 3.
Y luego tenemos la crisis del 2012, que vino marcada por el ascenso meteórico de los juegos para móviles. Esto hizo que muchos estudios pequeños sufriesen muchas dificultades, sin ser capaces de dar el salto a este nuevo mercado quizás por falta de experiencia o intención.
Más recientemente, la crisis de la Covid-19 ha hecho estragos en la industria. El confinamiento hizo que el desarrollo de muchos juegos se ralentizase mucho, o ya directamente parase. Los estudios tuvieron que hacer una serie de cambios para adaptarse al teletrabajo, y no fue precisamente fácil.
Dicho esto, el estar encerrados en casa hizo que se disparase la demanda de videojuegos, dando un buen empujón a las ventas de Nintendo, Sony y Microsoft.
Viendo estos resultados excepcionales, los inversores pegaron el salto a la industria y metieron mucho dinero... Quizás demasiado.
2022-2025: La resaca post-Covid
Ahora hemos entrado en una nueva fase: la resaca del Covid. Desde 2022, la inflación se ha ido disparando en todo el mundo. La industria del videojuego, por su parte, cada vez se ve envuelta en más gastos y varias bombas a nivel comercial - sobre todo en lo referente a los juegos como servicio - un mercado más saturado y muchos proyectos a la vez.
Al mismo tiempo, los inversores se han dado cuenta que el subidón de 2020 fue flor de un día, relacionado directamente con el contexto excepcional de un confinamiento que nos dejó mucho tiempo libre. El manguerazo de agua fría fue inmediato: despidos masivos, proyectos parados, cierre de estudios... incluso en gigantes como Sony y Microsoft.
Un revulsivo para la industria
Para empezar, la industria debería aprender de sus errores y dejarse de tanto exceso. Muchos estudios buscan ahora reducir su tamaño y el número de proyectos simultáneos, concentrándose en juegos mejor dirigidos, presupuestos más controlados y todo es diseñado para una mayor rentabilidad.
Las adquisiciones y las uniones siguen: algunos estudios podrán sobrevivir solo gracias al dinero de los más grandes. La consolidación, que ya está en proceso, solo hará que intensificarse durante los próximos años.
En vistas de reducir los costes, algunas empresas van a virar hacia nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, que resultar útil a la hora de automatizar las tareas más repetitivas.
La diversificación también está pasando a ser algo esencial. Ya sea adaptaciones a series o películas, ventas de productos derivados, suscripciones o bien juegos más densos pero también más cortos: los estudios buscan multiplicar sus fuentes de ingresos para intentar evitar depender solo de las ventas más tradicionales.
Otra tendencia a destacar es el declive de los juegos como servicio, una apuesta arriesgada a largo plazo y de alto coste. Más y más estudios están considerando volver a experiencias más clásicas y completas, sin un modelo de negocio a dividir entre varios años.
Además, la industria está siendo sacudida por la emergencia de nuevos mercados, sobre todo en el sureste asiático, África y América Latina, donde el juego en móviles y la nube podrían presentar nuevas oportunidades para crecer.
Una industria en ciernes que necesita aprender de los errores pasados
Incluso así, es necesario tener paciencia. Como suele pasar en este tipo de ciclo, el mercado volverá a su equilibrio por si solo: los estudios más fuertes se adaptarán, y la precaución volverá a estar a la orden del día.
Desgraciadamente, y como ya es el caso del cine y la música, la industria del videojuego se enfrentará a más crisis y cambios en las décadas que están por llegar. Los hábitos de los consumidores también cambiarán.
Si la comparamos con otros tipos de entretenimiento, la industria del videojuego aún está en su infancia, lo que podría explicar parte de los problemas y la falta de madurez en cuestión de dirección. Aún necesitará de muchos años más para prepararse de cara a los retos venideros.